16ªETAPA: CHINA – DE CHONGQING A ZHANGJIAJIE

DÍA 59 — WULONG

Del gigante urbano al valle de piedra

Salimos de Chongqing por la tarde, dejando atrás sus autopistas colgadas del aire y su historia de resistencia. Durante la Segunda Guerra Sino-Japonesa, esta metrópolis fue capital provisional de China y uno de los centros militares más importantes del país. De ella partían los famosos “camiones voladores” que cruzaban las montañas para abastecer al frente.

A medida que avanzamos hacia el sureste, la ciudad se deshizo en colinas húmedas, arrozales y aldeas donde la vida seguía otro ritmo. Por la tarde llegamos a Wulong, puerta de entrada a uno de los karsts más espectaculares del mundo.

Por la tarde entramos al Parque Nacional de Wulong, un lugar que parece sacado de otro planeta. Antes siquiera de recorrerlo, su historia impresiona: Wulong forma parte del Karst de Wulong, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2007. Este sistema geológico es un auténtico museo natural de puentes de piedra colosales, depresiones gigantes y cuevas que llevan formándose decenas de millones de años. Era, geológicamente, el anuncio de que estábamos entrando en la China vertical, un país que de pronto empieza a crecer hacia arriba, pura piedra, abismos y alturas imposibles.

Como anécdota graciosa, pudimos ver cómo todos los turistas chinos se colocaban de espaldas al sol, levantaban el pulgar y lo alineaban para hacerle sombra al enorme agujero que tenía una roca suspendida: un puente natural perfecto, tan grande que parecía dibujado. Era como un ritual colectivo para conseguir la foto perfecta.

Más adelante nos encontramos con unas casas de madera preciosas; en otro contexto habrían sido aldeas tradicionales, pero aquí estaban reconvertidas en pequeños comercios del parque. Entre ellos había unas máquinas surrealistas donde podías sacarte una foto y, mediante Photoshop, te colocaban como una guerrera china, con armadura, trenza y pose épica incluida. Kitsch absoluto, pero imposible no reírse.

Wulong nos recibió así: entre maravillas naturales que quitan el aliento y escenas humanas que te recuerdan que, incluso en los lugares más antiguos de la Tierra, siempre habrá un toque contemporáneo, absurdo y entrañable. Una puerta de entrada perfecta a esa China que se eleva, imponente, hacia el cielo.

Cenamos en el que terminó siendo el peor restaurante de todo el viaje por China y dormimos en el parking del parque nacional. Al amanecer, Andrea pidió prestadas las herramientas de limpieza al conductor del autobús que teníamos al lado y le dio un repaso a Nolichikaki antes de seguir la ruta.

DÍA 60 — GONGTAN (NOCHE EN YOUYANG)

Ríos ancestrales, pueblos suspendidos y carreteras olvidadas

Continuamos la ruta siguiendo el río Wu Jiang, arteria histórica de la región y territorio de las etnias Miao y Tujia. En Pengshui, donde el río se divide en dos brazos, se asentaron comunidades agrícolas desde antes de la dinastía Han. Aquí la cultura tradicional aún se respira en los mercados y en los trajes ceremoniales que sobreviven al paso del tiempo.

La carretera nos llevó finalmente a Gongtan, uno de los pueblos ribereños más antiguos de la zona. Con más de 1.700 años de historia, conserva casas de madera de las dinastías Ming y Qing, balcones colgados sobre el agua y una calle principal que parece no haber cambiado en siglos.

Pasamos el día caminando por sus calles y comimos en un balcón sobre el río, rodeadas por un grupo de fumadores compulsivos. Andrea compró un pequeño regalo para Bu y para Shosho, pensando en el momento de entregárselo cuando llegáramos a Vietnam. La frontera espiritual con Sapa parecía sentirse cada vez más cerca.

Por la tarde seguimos conduciendo para ver si encontrábamos un lugar más tranquilo donde dormir, junto al río. Andrea vio una carretera antigua y entramos. En la entrada, una familia humilde cocinaba rodeada de ocas y gallinas que nos cortaban el paso. Las casas bajo la autopista parecían resistir a la modernidad que les habían construido encima.

La carretera terminó en una grieta enorme. Tuvimos que bajar a pie. En la orilla, un hombre solitario esperaba su barca. El agua era de un verde hipnótico y los barcos de madera parecían suspendidos en otro tiempo. Andrea le preguntó si podía darnos una vuelta, pero dijo que aún no había llegado su embarcación.

Finalmente seguimos hacia Youyang, un territorio históricamente Tujia que esperábamos que guardase la esencia de Gongtan. Sin embargo, el pueblo ancestral había sido absorbido por la expansión urbana. Las calles antiguas habían sido reconstruidas al estilo comercial moderno, y la autenticidad se había diluido.

Esa noche dormimos pronto: al día siguiente teníamos una entrevista con Radio Nacional, en El último tren, de Isabel Gemio.

DÍA 61 — WULINGYUAN

WULINGYUAN

El territorio que inspiró un mundo

Tras la entrevista, algo dormidas todavía, retomamos la carretera hacia Wulingyuan. Aparcamos frente al parque nacional; había caravanas, furgos y viajeros desperdigados. Como apenas eran las dos de la tarde, decidimos entrar.

Wulingyuan, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1992, es uno de los paisajes kársticos más icónicos del planeta: más de 3.000 columnas de arenisca, algunas de 200 metros de altura, envueltas en nieblas que cambian cada hora. Este lugar inspiró las montañas flotantes de Avatar.

Entrar, sin embargo, fue como atravesar un laberinto. El parque es un universo gigantesco con múltiples líneas de autobuses, recorridos y accesos. Todo estaba en chino. Compramos la entrada del “Recorrido B” sin saber muy bien qué implicaba.

Tras varios transbordos en buses llegamos al gran ascensor panorámico. Descubrimos que solo teníamos incluida la bajada, así que pagamos un extra para subir. Las vistas al ascender eran cinematográficas: pilares verticales, bosques suspendidos y un paisaje que parecía vivo.

Arriba, miles de personas hacían cola para el ascensor de regreso. Mientras yo hablaba por videollamada con mis padres desde el mirador, Andrea investigó y encontró otra salida. Ese desvío nos salvó de horas de espera. Tomamos otros autobuses y finalmente un teleférico que nos dejó abajo ya de noche.

Seguramente fuimos de las últimas en salir.

Dormimos en el parking pero antes cenamos unas latas que seguíamos teniendo de Mercadona. Cada vez que abríamos una nos transportábamos a casa . 

DÍA 62 — TIANMEN

TIANMEN

Escaleras al cielo y globalización insólita

A la mañana siguiente conducimos hasta Tianmen, la Montaña de la Puerta del Cielo. Descubrimos que había dos entradas y optamos por la superior, donde encontramos caravanas y más furgos . Desde allí tomamos el funicular que asciende entre paredes casi verticales.

El parque es famoso por su arco natural de 131 metros —la Puerta del Cielo— y por sus interminables escaleras: 999 peldaños que simbolizan la conexión entre la tierra y lo divino. Subirlos fue un esfuerzo monumental. Al final del recorrido, ya con las piernas temblando, encontramos algo inesperado: un Burger King detrás del arco, un recordatorio surrealista de la globalización.

Conocimos a varios españoles y charlamos un rato antes de bajar.

Aquella noche cenamos fuera, en nuestra mesa de camping con comida de Mercadona de nuevo. Varios vecinos chinos se acercaron, sorprendidos por la matrícula española. Yo entré a leer a la furgo, pero Andrea siguió hablando con ellos con ayuda del traductor. Cada vez se sumaba más gente. La escena era digna de Almodóvar: Andrea guiando un “tour” improvisado a diez chinos alrededor de la furgoneta mientras hacían toda clase de onomatopeyas de fascinación.

Andrea les preguntó por un show anunciado en las escaleras mecánicas. Le dijeron que estaba a punto de empezar. En un instante, se fue con el que mejor hablaba inglés… y con su abuela. Acabaron colándose en el espectáculo, entrando por el backstage y escapando varias veces de la seguridad. Finalmente consiguió sentarse entre el público. Volvió alucinada.

DÍA 63 — ZHANGJIAJIE

ZHANGJIAJIE

Robots escaladores y bosques interminables

Nos despertamos sin saber qué hacer. Habíamos visto por internet que en una de las entradas del parque alquilaban unos exoesqueletos para las piernas que ayudaban a caminar y subir escalones. Andrea quería probarlos sí o sí.

Fuimos a la entrada sur del Parque Nacional de Zhangjiajie. Era muy distinta a la zona de Wulingyuan: menos gente, arces rojos gigantes, un río a nuestros pies y los pináculos de arenisca enmarcando el paisaje. Subimos en teleférico y alquilamos los “robots”.

Paseamos por pasarelas flotantes y luego descendimos por escaleras interminables entre pinos, monos y caminantes que subían sin saber la odisea que les esperaba. La bajada fue mágica, casi silenciosa.

Esa noche dormimos en un hotel. Tras cinco días en la furgoneta, necesitábamos una ducha caliente más que cualquier monumento.

Aquella tarde, después de tantos paisajes imposibles y días enlazados entre piedra, niebla y carreteras antiguas, sentí la necesidad de comprender un poco más la raíz espiritual de todo lo que habíamos atravesado. Me quedé leyendo sobre las tres grandes vertientes que han guiado el pensamiento chino durante milenios: el confucianismo, el taoísmo y el budismo.

Confucio me habló primero, con su énfasis en la armonía social, la rectitud y la responsabilidad. Me recordó que viajar también es una forma de ordenar el corazón, de colocar cada cosa en su sitio para entender mejor el mundo que se pisa.

Luego apareció el Tao, silencioso y profundo. Esa idea eterna de fluir, de no forzar, de permitir que la vida —como los puentes naturales de Wulong— se forme sola a lo largo del tiempo. Comprendí que hay caminos que no necesitan nombre porque se reconocen al sentirlos.

El budismo, finalmente, se deslizó como la niebla entre los pilares de arenisca de Zhangjiajie. Me susurró que todo cambia, que el sufrimiento nace del apego y que la belleza está precisamente en lo efímero, en lo que no se puede retener.

Entre las tres corrientes encontré un cierre inesperado: este tramo del viaje no había sido solo geográfico, sino también interior. Habíamos atravesado montañas, valles y ciudades suspendidas, pero también ideas, símbolos y silencios antiguos.

Y así terminó esta etapa: con la sensación de que la China vertical no solo se eleva en piedra, sino también en pensamiento, y que algo de esa altura —de esa mezcla de rigor, fluidez y contemplación— ya se había quedado dentro de mí.

TEMPLO BUDISTA DE TIANMEN

2 respuestas a “16ªETAPA: CHINA – DE CHONGQING A ZHANGJIAJIE”

  1. Avatar de Andres
    Andres

    Donde esta Andrea que ya no la vemos en el viaje?

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    1. Avatar de Carchin de Gregorio
      Carchin de Gregorio

      Se tuvo que volver a madrid por motivos personales! Esta última etapa la completó solita !

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